QUIÉRETE BIEN

La tristeza: ¿Qué hago con ella?

Estoy triste… muy triste… Desde hace un tiempo tengo días así…

Días en los que la tristeza invade mi cuerpo, días en los que simplemente me siento triste…

Y hace unos años negaría esa tristeza, cogería el móvil y mandaría algún mensaje para hacer cualquier plan que me mantuviera alejada del “pensamiento de estar triste”, o me encerraría en el trabajo o me empaparía de algunas de mis series preferidas para evitar sentirme triste.

Sin embargo hoy he decidido no huir de la tristeza, no huir de sentirme así, porque en realidad lo que he intentado siempre ha sido evadir el “pensamiento de tristeza” ya que sabemos que escapar de lo que sentimos no es posible a largo plazo porque cuando se niegan las emociones, el cuerpo las camufla. Se disfrazan de tensiones en los hombros, de respiraciones más pesadas e inacabadas, de dolores de cabeza, de granitos en cualquier parte del cuerpo, de dolores de estómago, de suspiros que se pierden en nuestros quehaceres diarios… Cuando intentamos escapar de lo que sentimos nuestro cuerpo acaba somatizando, gritándonos a través de diversos síntomas que nos escuchemos y que demos espacio a aquello que nos está removiendo. “Bientratarse es también escucharse”

Porque nos han enseñado erróneamente que existen emociones positivas y emociones negativas cuando la realidad es que tanto la alegría como la tristeza, o la vergüenza, la rabia o el miedo, son emociones que forman parte de nuestro día a día. Es crucial saber identificarlas, aceptarlas para dejarlas sentir y canalizarlas para que no se queden en nuestro cuerpo.

Todas las personas sentimos dichas emociones, sólo que en general no se nos enseña a manejarlas adecuadamente. Hemos de entender que las emociones no tienen género y hemos de tomar consciencia del daño que podemos causar cuando limitamos su expresión.

Hemos visto con frecuencia que cuando alguien que queremos está triste y llora la persona que acompaña interrumpe el llanto dándole consejos, desviando la atención, haciendo uso del sentido del humor o minimizando lo que se siente. Sin embargo, tenemos interiorizado que jamás cortaríamos la carcajada de nadie. En todo caso, intervendríamos para mantenerla o incluso intensificarla entendiendo que está teniendo una experiencia que le beneficia.

En este sentido si vas acompañar a alguien en su tristeza olvida frases como “no es para tanto”, “no llores y vamos hacer no se qué”, “Pepitx vivió lo mismo que tú”, “deja de llorar que el asunto no lo merece…”, etc.

Muy al contrario siéntate cerca, respira junto a ella/él, recuérdale que estás a su lado y permítele el llanto. Cuando se haya desahogado pregúntale si quiere hablar sobre ello o si prefiere hacer cualquier otra actividad.

Darle el espacio a todas las emociones enriquece nuestra vida interior, evita las somatizaciones y favorece el crecimiento personal.

Por ello, hoy no me resisto a la tristeza… Sola o acompañada, cuando tengo días así le dejo el espacio que necesita… Hoy llorar me sana… Mañana se que será otro día.

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One thought on “La tristeza: ¿Qué hago con ella?

  1. Llenarla de alegria, con buenas noticias y buenas acciones, según mi manera de pensar, pensamiento empirico, creo que se llama

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